El 6 de Diciembre ¡Ole!

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Autor: Belén Estrella ( Estudiante Internacional de Ecuador) Texto y Fotografía.

Ocurrió un seis de diciembre cuando por primera vez sentí el vibrar de una plaza de toros , catorce días después, en 1991, nacería en la ciudad de Quito, lugar que durante mucho tiempo albergo aquel festejo conocido como: «La mejor feria de América». Desde que ví el mundo por vez primera, la llegada de noviembre era inquietud, el 28 empezaba la fiesta brava, había que comprar entradas, revisar los mejores carteles, preparar el vino o jerez y sin lugar a duda las mejores galas.

La feria de Quito era el evento del año, cada día lucíamos un atuendo nuevo y acorde a la ocasión; sol o sombra, barrera, contrabarrera numerado y general. Hasta hoy conozco los tendidos del Coso de Iñaquito de memoria, todos los años nos ubicábamos casi por la misma zona; en tiempos de colegio no importaban las clases, el apuro de las 12 apremiaba. Tristemente hace 4 años no canto el himno de Quito el primer día de fiesta, me fui para México y aunque he tratado de adelantar exámenes cada diciembre, de poco sirve, la feria se ha cancelado.

En México asistí a pocas corridas, muy esporádicas, tal vez solo aquellas que ocurrían en mi ciudad. Mi afición nunca acabó, pero me apremiaban tareas, casa, viajes y un México tan diverso. Ya lejos de Quito y sin feria, empecé a olvidar como vibraba mi corazón cuando tocaban los clarines y salía el paseíllo.

Nunca tuve en mente venirme a España, como primer intercambio volé a Australia puse mi corazón en el surf; pero » los caminos de la vida no son lo que yo pensaba», vivo en España, el viento me trajo acá. La vida trascurre despacio y me he dado cuenta que necesito de esa pasión que nació conmigo, me criaron rodeada de ganado , caballos, equitación, montañas, sombreros y haciendas; soy esto: pasión.

Un romance como este , no es una carta de un solo lado, ciertamente está la herencia, pero la tauromaquia y yo nos enamoramos. Niña embelezada en unos ojos que solo sabían hablar de toros y flamenco. Ahora entiendo el por qué de todo, esta tarde he ido a la plaza de la ciudad de Cuenca en España, coincidencialmente vivo en un departamento ubicado muy cerca de la misma. El festejo de hoy se ha cancelado, llovía a cantaros, el cartel era: Diego Ventura, Hermoso de Mendoza y Manuel Manzanares; el tiempo no dio tregua y media plaza parada bajo paraguas se lamento los rayos. A la salida los hermosos caballos eran abrigados y des-ensillados. Se acabó, mañana todos volveríamos por nuestro dinero.

Mientras me mojaba , recordé aquella tarde de fría lluvia en Quito, ya sabrán que en esa parte del mundo «cuando llueve, llueve por baldes». El ruedo inundado, parecían un río los tendidos, los sistemas de desagüe fallaron, en general seco no estaba nada, pero la afición quiteña no se movía; El Fandi y Cesar Jiménez continuaron una corrida que parecía imposible y sí hasta hubo banderillas e indultos.

Voy dos noches en este lugar, continuo siendo yo pero con algo nuevo; ayer alcancé a los tres últimos toros que eran para: El Fandi, Castella y Perera. Qué puedo decir de hoy, me quedé con las ganas, sin embargo encuentro algo mío perdido, siento pasión y vibro, el paso doble recorre mi cuerpo y vuelvo a ser la niña enamorada, solo que ya no de esos ojos, sino de la vida. Desde la ventana de un séptimo piso veo Cuenca llovida y la plaza de toros; mientras oigo «España mí bella España». ¡Ole!

 

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