La desigualdad es la mayor bomba atómica que amenaza a la sociedad

Con motivo del Día Internacional del Trabajo Social, la Facultad de Trabajo Social en Cuenca ha invitado a Lagarder Danciu, Trabajador Social y activista que ha presentado su libro ‘Sin techo’, donde da una visión de la realidad que nos rodea y nos ofrece su lucha por los derechos humanos y la igualdad. Lemas como ‘el trabajo social es trabajo en la calle’ o ‘trabajo social deja de ser un trabajo para formar parte de una persona’ han adornado la mesa de coloquio de Danciu en este día tan especial. Natural de Rumanía, decidió dejar su país para trabajar libremente en identidades sociales y culturales, inexistentes allí. “Fui consciente de que tenía que salir de Rumanía porque vi como necesitaban pasar varias generaciones para que las cosas cambiasen. Yo no estaba dispuesto a sacrificar mi vida, yo quiero vivirla” explica.

El Trabajo Social es una de las profesiones más maltratadas en nuestro país. La responsabilidad de ayudar al prójimo debería estar en manos de las personas y no de las instituciones. Comenta como cada día se encuentra en la calle a personas mayores sin hogar, pensionistas que han trabajado toda su vida para obtener una jubilación digna. “En ocasiones, me he encontrado a gente en la calle que les faltaban tres o cuatro años para recibir la jubilación. Lo que he visto es que muchos de ellos se han suicidado por no poder aguantar esta situación de desesperación” comenta.

Sucede que hasta que no pones la realidad delante de la gente, no responde. Lagander considera que, en ocasiones, nos encontramos perdidos porque no sabemos cómo ayudar, vemos estas situaciones marginales y nos paralizan. Nos aconseja que lo primero que tenemos que establecer con esa persona es un canal de confianza, porque el inicio de todo puede comenzar con un simple ‘hola’ y una mirada sincera. “Muchas de estas personas sienten el aislamiento de la sociedad y a veces solo necesitan eso, alejarse de la soledad que les rodea” comenta.

En Málaga y en Zaragoza se encuentran los dos únicos albergues que existen para la gente sin techo, los únicos públicos que quedan después de la crisis. “Una cosa tengo clara y es que si estos albergues siguen en pie es por la lucha que ejercen los trabajadores de allí cada día”. Comenta que ha viajado por 27 ciudades de España y solo se ha encontrado servicios sociales privatizados. “No tenemos nada en contra de la privatización, pero no podemos dejar segmentos con exclusión social. Me parece algo inadmisible. Nuestros políticos no se preocupan por la gente de la calle porque no dan voto y eso no interesa”.

Lagarder ha recordado las palabras de Eduardo Galeano al comenzar a hablar de su libro: ‘el trabajo social es la solidaridad, es el apoyo mutuo’. Cuando una persona está en la calle, tiene tiempo para pensar, reflexionar y fijarse en la realidad. Uno de los objetivos que Lagarder tiene como principales es que su libro se encuentre en todas las universidades de España, porque “este es el camino para que la labor educativa sea eficiente. Las universidades tienen que enseñar a los alumnos los cambios de enfoque que se deben realizar para que todo funcione mejor”.

Son tiempos de individualismo en el que los jóvenes, concretamente, se interesan por temas de desigualdad. Ha explicado cómo los jóvenes van a las librerías a adquirir su libro porque les preocupa el estado actual de las comunidades. No obstante, ha hecho hincapié en que por ejemplo en Rumanía, la sociedad muchas veces invisibiliza a los poetas o escritores. Su libro, ‘Sin techo’, está dedicado a la juventud, porque ellos “son la esperanza”. Ser jóven y no luchar es algo antinatural, antibiológico. “La gente me dice que me estoy degradando en la calle y yo les respondo que no importa. Tenemos que pensar colectivamente, ver de qué forma puedo ser útil a la gente que me necesita, trabajar en comunidad y afrontar cómo podemos transformar nuestros barrios”.

Todos somos historias, pero depende de nuestra actitud diaria que estas salgan a la luz y florezcan. Sin embargo, hay muchas historias en este sistema capitalista que están destinadas al fracaso. Las redes sociales son sus ingredientes principales para difundir su labor y no permitir que la lucha decaiga. En ellas difunde campañas y vídeos que realiza para concienciar. Él mismo nos ha contado que los graba con un pequeño móvil y en su canal de Youtube se pueden ver todos los trabajos que ha realizado.

Reconoce que el trasfondo de las historias de la calle le han transformado y le han convertido en quién hoy es. “Esto es una labor de investigación. Como decía un compañero mío, es un viaje que he ido realizando a lo largo de los dos años y ocho meses que llevo en la calle” explica. Todo lo que sucede tiene un por qué y Lagarder decidió ir a buscar las respuestas a sus preguntas. El propio autor afirma que las personas de la calle han sido y serán sus maestros, los únicos que le han permitido adueñarse de una inteligencia emocional de la que todos deberíamos aprender para cambiar el rumbo.

de Jenny Bernal

 

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