La UCLM y el Patronato Gil de Albornoz patrocinan la restauración de dos cuadros de la Catedral de Cuenca

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La restauración de las obras Martirio de san Juan Evangelista, de
Martín Gómez el Viejo, y Santa Ana, la Virgen y el Niño, de autor
anónimo adscrito al círculo de este pintor, pertenecientes al Palacio
Episcopal de Cuenca, ha sido posible gracias a la estrecha colaboración
que viene manteniendo la Universidad de Castilla – La
Mancha y el Patronato Universitario Cardenal Gil de Albornoz de
Cuenca con el Institut Valencià de Conservació i Restauració de
Béns Culturals de la Generalitat Valenciana.

La tabla que representa el martirio de san Juan Evangelista, en el
pasaje del caldero con aceite hirviendo del que salió ileso ante la
mirada del emperador Diocleciano y sus verdugos, es la única que
se conoce del retablo dedicado a este santo, pintado en 1550,
para una capilla en el lado del Evangelio de la iglesia de Santo
Domingo en Cuenca. Dicho retablo fue costeado por el conquense
Francisco Hernández de la Rambla, que murió en las Indias, y cuyo
retrato debe identificarse con el tercer personaje por la izquierda.

La obra está documentada por: una obligación firmada por el propio
pintor, Martín Gómez, el 7 de febrero de 1550, con los patronos
de las capellanías que instituyó Francisco Hernández; y por una carta
de pago del pintor, fechada el 20 de junio de 1553, en la que
afirmaba haber terminado el retablo que se le había encargado
según sus propias trazas, y que entregó el día de navidad de 1550.

Se desconoce como era en origen la mazonería del retablo, si bien,
según el modelo conquense del momento, debió constar de dos
cuerpos y una predela o banco, esta última con unos plintos sobresalientes para albergar las columnas de fuste estrangulado que
sobresaldrían y sujetarían el entablamento de friso decorado con
relieves, todo ello dorado y policromado. El primer cuerpo albergaba
la tabla que nos ocupa, y el segundo o ático tenía una escena
de san Juan escribiendo su Evangelio con el águila en la isla
de Patmos, de menor tamaño que la anterior, y que, seguramente,
debió estar coronado por un frontón curvo o triangular con alguna
escena pictórica o escultórica en su interior.
Estilísticamente la obra presenta muchas similitudes con otras pinturas
del mismo autor. Así, el niño en primer plano o el hombre de
cabeza velada son los mismos modelos que aparecen en la Presentación
del Niño en el Templo del Museo Diocesano de Cuenca,
Lo mismo sucede con la cabeza de pelo alborotado por el viento
que recuerda a la del evangelista del Retablo de san Mateo y san
Lorenzo de la Catedral de Cuenca.

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