Pedro Miguel Ibáñez: La barca pasa, pero la sabiduría continúa

El acto celebrado en el día de la Humanidades se convirtió en un homenaje de los estudiantes al propio Pedro Miguel Ibáñez y a Joaquín Saúl García, ambos profesores del centro recientemente jubilados. 

Pedro Miguel Ibáñez Martínez, profesor jubilado de la Facultad de Educación y Humanidades del Campus de Cuenca, ha presentado este el martes en el salón de actos del Edificio Gil de Albornoz su nuevo libro “Cuenca recóndita. La pequeña edad del hielo en la catedral y otras historias de la ciudad sumergida”, segunda parte de su obra “Cuenca recóndita. El palacio episcopal y los alfarjes policromados del medievo”. Una presentación que corrió a cargo del que fuera profesor de la Facultad y Vicerrector del Campus de Cuenca, Joaquín Saúl García Marchante, en su condición de geógrafo y compañero de la Racal, desde que en 2013 fuera el propio profesor Ibáñez quien le diera la réplica a su discurso de ingreso “Paisajes conquenses en mi memoria” .

El acto comenzó con la intervención del Rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Miguel Ángel Collado, y el Decano de  la Facultad de Educación y Humanidades, Santiago Yubero, que dieron la bienvenida a todos los asistentes. Aunque la convocatoria oficial del acto era exclusivamente para acoger la presentación del libro, se convirtió en un homenaje  y agradecimiento a dos profesores de la Facultad jubilados recientemente y que han formado parte esencial de la historia del campus conquense: Pedro Miguel Ibáñez y Joaquín Saúl García.

Fueron muchos los amigos, estudiantes y antiguos alumnos que acudieron al salón de actos del edificio Gil de Albornoz hasta prácticamente completar el aforo de la sala para asistir una vez más a la clase magistral más de estos dos reconocidos profesores en el Día de las Humanidades. Joaquín Saúl García y Ana Eulalia Aparicio, profesora de la Facultad, realizaron una exposición previa a la intervención de Ibáñez, en las que dieron apuntes acerca del tema las condiciones climáticas y topográficas que se dieron en los siglos XVII y XVIII que dieron lugar a que a esta época se la conozca como la pequeña Edad de Hielo. La obra está editada por la Facultad de educación y Humanidades en colaboración con el Patronato Universitario Gil de Albornoz y tiene como lema de fondo el clima, arquitectura y topografía de la capital conquense. 

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En el libro profundiza en cómo transformó esta Pequeña Edad del Hielo la Catedral de Cuenca y otros edificios y parajes históricos, hablando en sus páginas de “ciudad sumergida”, aludiendo “metafóricamente a lo que queda oculto a las miradas superficiales, sepultado bajo estratos sucesivos de historia”, pero también “al verdadero anegamiento físico de una zona de la ciudad”. El clima del pasado marca un hilo argumental, y se expone cómo ello se reflejó en la ciudad, ya que las características climáticas obligaron a la modificación arquitectónica de muchos edificios o incluso a abandonar algunos conventos de la periferia conquense. En los sucesivos capítulos encontraremos importantes aportaciones para el conocimiento de la Albuhera, representación de una Cuenca acuática, el convento de la Fuensanta o la Isla de Monpesler. 

El autor recordó en su intervención los años de docencia e investigación en la universidad, reconociendo que, a pesar de los años, “el conocimiento no envejece” y que “jubilarse como profesor universitario no es como hacerlo de otras profesiones, porque no finaliza la labor investigadora, aunque sin la presencia y estímulo de los alumnos”. En cuanto a su libro, aportó pequeñas pinceladas de lo que podemos encontrar entre las páginas, imágenes que muestran la Cuenca de la Pequeña Edad del Hielo y los cambios estructurales y arquitectónicos de la ciudad. Aseguró que, a pesar de su jubilación, sigue “en el camino” y que publicará nuevos libros.

Tras la intervención de Ibañez, Santiago Yubero subió al escenario para pronunciar unas palabras de reconocimiento y gratitud a los dos protagonistas, “no es un homenaje, es un acto de agradecimiento”, e invitó a dos exalumnos de la Facultad, que actualmente también se dedican a la enseñanza, para elogiar a ambos profesores, destacando la profesionalidad y cercanía con la que desarrollaban su labor. A continuación, la celebración del día de las Humanidades concluyó con una mesa de egresados en Humanidades y una merienda para todos los asistentes.

Texto José An. Montero

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