Taller de dibujo emocional. Encuentro con las Pinturas Murales de Alarcón

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Estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca visitaron el pasado fin de semana las Pinturas Murales de Alarcón para realizar un taller de Dibujo Emocional. Esta actividad, que contó con financiación de la UCLM, es el segundo paso de una serie de experiencias organizadas por el profesor Francisco Noguera, encaminadas a potenciar la capacidad expresiva de los alumnos de primer curso de la facultad conquense.

Con este taller se pretende conseguir que los jóvenes sean capaces de dibujar de manera espontánea, con total libertad, sin predeterminar el motivo del dibujo ni juzgar el resultado hasta el final; casi como si la mano, con vida propia, dibujara sola. Estas técnicas, que suelen ofrecer resultados sorprendentes, se pusieron en práctica en un contexto altamente inspirador: las Pinturas Murales de Alarcón, obra del artista Jesús Mateo patrocinada por la UNESCO. Se escogió este lugar por ser considerado como un enorme «resonador emocional» que no puede dejar indiferente a cualquier alma sensible. La honda impresión que provoca la contemplación de esta obra fue descrita por el premio nobel José Saramago quien escribío, con palabras de asombro, que en Alarcón se logró «fundir en una expresión única (…) los colores sordos de la tierra para ir al encuentro de los colores luminosos del aire», por un artista, Jesús Mateo, que «nació del mismo árbol genealógico que dio los mejores frutos de Hyeronimus Bosch y Brugel, el Viejo. Tal como ellos, Jesús Mateo explicó el hombre. Por lo visible y por lo invisible».

Según Noguera, los adultos hemos perdido buena parte de nuestra capacidad de comunicar nuestras emociones. Desde la infancia, la educación nos empuja a no manifestar libremente los sentimientos con instrucciones que van desde los clásicos “hijo, no llores” o “no te rías, que es de mala educación” hasta otras represiones emocionales mucho más sutiles. Al principio de este proceso el resultado es que contenemos nuestras emociones, pero todavía somos capaces de experimentarlas en nuestro interior; pero después de años de represión emocional acabamos por perder, en gran medida, nuestra capacidad de sentir y de comprender las emociones, tanto las propias como las de los que nos rodean. Esta circunstancia es una de las causas de la frecuente falta de empatía y compasión de nuestra sociedad occidental, cada vez más fría.

Esta situación, que puede constituir un problema para cualquier persona, se convierte en una limitación dramática para muchos alumnos de Bellas Artes. Según Noguera, cualquier expresión artística requiere la transmisión de alguna emoción a través del empleo consciente de una técnica determinada. Pero si un artista no es capaz de sentir, experimentar y comprender la compleja riqueza de las emociones entonces será imposible que pueda emocionar a otros. Sin este bagaje lo más probable es que se recurra a las emociones tópicas, superficiales o impostadas que frecuentemente encontramos en algunas obras artísticas.

Para Noguera, el trabajo emocional de los alumnos es una asignatura pendiente en la mayoría de las facultades de Bellas Artes, y supone un importante reto de cara a que estos futuros artistas puedan ofrecer un servicio realmente útil a la sociedad actual. En este sentido, el taller celebrado en Alarcón fue un auténtico éxito; a través de una expresión artística libre, en un templo que facilita la instrospección, muchos de los alumnos experimentaron una verdadera catarsis; una purificación y liberación emocional -espiritual incluso- que los jóvenes expresaron con asombro, sereno silencio o incluso con el llanto. Finalmente, después de una intensa jornada, aguardaba una sorpresa para cerrar el taller: la visita del propio autor de las PInturas Murales, Jesús Mateo. El artista compartío con los universitarios su concepción del Arte e impresiones que gravitaron en torno a las experiencias acumuladas durante los siete años en lo que Mateo literalmente habitó en los fríos muros de la Iglesia de San Juan Bautista, cuando contaba con una edad similar a la de los estudiantes; después, éstos aprovecharon la ocasion para plantear a Mateo algunas de las numerosas preguntas e inquietudes que brotaron durante el taller. A su término, entusiasmados por los resultados, Mateo y el profesor Noguera acordaron celebrar anualmente este Encuentro con las Pinturas murales de Alarcón a través del Taller de dibujo emocional.

 

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