Un Abanico Azul

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Con el abanico quite lentamente el cabello de mi frente, lo dejé caer y luego lo cogí con el dedo meñique. Tú, lo viste todo sin apenas comprender que te entregaba mi vida. Este lenguaje de abanicos aun no lo sabes descifrar, quizás nunca lo aprendas. Hasta ese imposible ojala, quedará latente esa declaración de abanicos en aquella calida noche en el rincón más alejado del mundo frente al mar.

El lenguaje del abanico llegó a mí como todo lo bueno, cuando menos lo pensaba. Mi actual oficio es la exploración, camino, me pierdo, me encuentro, me ubico y me río. Entré a esa feria llena de artesanías, mantones finamente bordados, miniaturas de toda clase de oficios, cuchillerías, bastonearías y sí un puesto de abanicos. Aquellos dos hermanos constituían la tercera generación que: pintaba, armaba y enaltecía abanicos únicos e irrepetibles.

Mi mirada se perdió en aquellos estantes llenos de maravillas, los artesanos me vieron e inmediatamente se acercaron diciendo: «eres italiana»(válgame Dios qué tengo yo de italiana) me reí con gusto y negué con la cabeza, dije: no, vengo de Sur-América. Preguntaron acerca de mi origen, mi estancia y de mis planes; cuando descubrieron que aun no visitaba el casco antiguo de la ciudad no tardaron en ofrecerse para llevarme.

La agradable conversación, por medio de la cual me enteré que habían ido a Malasia y que sus abanicos se vendían en Dubai, paró en seco cuando pregunté por aquel azul con flores pintadas en blanco y ligeros toques amarillos , rosados y mango de nacarina; los dos me miraron y dijeron: «uno como este señorita se irá pronto a Dubai, se lo indicaremos y a usted hasta le haremos un descuento».

En otros tiempos, cuando el lenguaje del abanico aun estaba vivo, seguramente esté en particular, hubiera terminado apoyado sobre mi mejilla derecha. Me había enamorado volvería por aquel azul al día siguiente, los dos hermanos aseguraron esperarme. Anochecí con el abanico en mente, amanecí con el abanico en mente, comí con el abanico en mente y antes de ir al concurso nacional de salto al centro hípico volví a la feria de artesanías.

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Mi futuro amor estaba en la sección uno, iría directamente para allá. Cuando iba entrando por el hall principal, donde estaban expuestas las artesanías de gran calidad y que formarían parte del concurso (Si ganasen se las quedaría el ayuntamiento y los artesanos recibirán un premio monetario mayor al valor comercial de las misma.)- Aquel abanico desde un lugar en la exposición me miró y paso el dedo lentamente por la varilla. El azul amor mío estaba expuesto, no me exalte, supuse que sería otro, que mi vista me engañó, pero cuando llegue al área de los «Abanicos Benlloch» uno de los organizadores explicaba a los dos hermanos cuan grande era la posibilidad de que aquel abanico azul ganara, ellos le respondían que ese tenía dueña.

La decisión quedó en mí, qué podía hacer yo, era tan hermoso que merecía el lugar que le habían otorgado. Angustiados los artesanos me indicaron todos los demás , me hablaron de lo bello de cada uno y yo no me convencía por ninguno. Volví al hall, observe durante un largo rato aquel amor azul de flores blancas; si hubiera estado en mi mano, seguramente lo hubiera apoyado sobre mi corazón. Volví y ambos hermanos emprendieron un nuevo intento por enamorarme de uno distinto, señale una belleza completamente en madera; nuevamente algo bastante único, hecho en palo santo.

Mientras pensaba en qué hacer pregunté a uno de los hermanos qué es lo que distingue a un abanico, me explicó que son los materiales, «un buen abanico se ve» y que lo bello es bello; mencionó que para él solo con verlos bastaba, pues era ya la tercera generación fabricándolos. Se agachó hacia uno de los estantes y saco un papel con algo impreso, se titulaba: «El lenguaje del Abanico», relató cómo en antaño las mujeres se comunicaban con sus novios, esposos e incluso amantes por medio de determinados movimientos.

Para ese momento ya me había convertido en la niña mimada de esos artesanos, quienes rendidos ante mi eterna indecisión sacaron un abanico azul a medio terminar, parecido a aquel del que me había enamorado, me ofrecieron pintar el doble lado y hacer los detalles del mango para el siguiente día, si me gustaba era mio.

El trato final: Si el abanico de mis amores perdía, era mío. Si ganaba y se lo quedaba el Ayuntamiento. En ese caso yo podría ver el otro abanico azul terminado, incluso grabarían mi nombre, sin embargo tendría la libertad de decidir si lo quería o no. Se ofrecieron a acompañarme a ver el salto, pero rechace recordándoles que tenían que pintar un abanico.

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Lenguaje del abanico

Quitar lentamente el cabello de la frente con el abanico: No me olvides

Dejar caer el abanico: Te pertenezco

Coger en abanico con el dedo meñique: Adiós

Apoyar el abanico sobre la mejilla derecha: Sí

Pasar el dedo lentamente por la varilla del abanico: Tenemos que hablar

Apoyar el abanico sobre el corazón: Te amo y sufro

El abanico ganó el primer lugar, el organizador de la feria me consoló diciendo que podría ir a verlo cuando quisiera en el museo. El otro abanico azul no me encantó, así que compré un negro con claveles rojos, la verdad ninguno era mi abanico azul ganador de la feria de artesanías de Cuenca 2013. Tenía tristeza, hasta que me di cuenta que lo podía haber comprado, sería dueña de un objeto fino y hermoso, lo hubiera llevado a Ecuador, mi madre se hubiera maravillado de él y lo único que tendría para contar sería una relación de «pagué dinero por una artesanía».

Sí me he enamorado del abanico ganador de la feria y nunca lo tendré pero bueno: los artesanos tiene su premio, el abanico un puesto en un museo y yo tengo esta historia además de una invitación a Valencia. Al final ganamos todos.

Belén  Estrella  (Estudiante Internacional  de Ecuador)                                                                               Texto y fotografía

 

 

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