Viejas arquitecturas, viejos objetos, nuevas narrativas

La conferencia “Narrativas borrosas” recorrió el nuevo trabajo de Sylvia Molina y los interrogantes artísticos para el futuro digital

Sylvia Molina. Foto: Marta Feiner

Esta semana tuvo lugar la conferencia “Narrativas borrosas: reflexiones sobre la ¿exposición virtual?” en la Facultad de BBAA de Cuenca, que tenía como intención abarcar las nuevas formas de contar las exposiciones en modelos fluctuantes entre lo digital y lo físico. Desde la inspiración de Jeffrey Shaw en la década de los 90, creer en un museo digital cuya “virtualidad se mezclara con lo real” es posible y la experiencia de Sylvia Molina desde la tecnología 360 y la mezcla disciplinaria son una muestra de ello, tal y como puso de manifiesto la propia conferencia, retransmitida simultáneamente vía online y presencial.

Con la presencia de Paz Monge, directora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica, Francisco Brives, co-director del Museo La Neomudéjar y Javier Moreno, escritor y crítico literario, y después de un recorrido de dos meses y medio, la exposición Narrativas Borrosas de la artista Sylvia Molina casi ha terminado su trayectoria física por la exposición en el Museo La Neomudéjar para trasladarse a internet, a través de los dos recorridos planteados desde el Centro de Cooperación Española de Costa Rica y La Neomudéjar desde España, a pesar de que la experiencia sea una capa de realidad colocada sobre la propia exposición que se presentó a los asistentes en directo. En esta narrativa, sin embargo, no hay narración, sino personajes. Los personajes son los visitantes que fotografiaron los diferentes elementos de la muestra en físico, los colaboradores que añadieron sus comisariados a cada una de las obras, pero también las cotidianidades y universalidades a las que aluden las conexiones de esta obra, que están por todas partes, y se conectan con pequeños hilos físicos escondidos, y con hilos narrativos invisibles, como sugería Francisco Brives, en una exposición que es como un laberinto en el que cada espectador es un Teseo que va conectando las piezas.

Sylvia Molina. Foto: Marta Feiner

 En esta conferencia, la artista hizo un recorrido visual de la exposición a través de internet y la cronología de un tiempo que dice no existir en la obra y sobre el que se construyó, con uno de los espacios de La Neomudéjar como base constructiva, esta exposición. Esta idea de construir en la grieta, presente en los textos de Javier Moreno, atraviesa, como se comentó a lo largo del desarrollo, todo el proceso productivo artístico de Molina. Las propias disciplinas, los materiales o la disposición de los objetos conectados por un espacio que se diluye permiten mezclar todas esas narrativas, como un canto coral gregoriano que funciona mientras se acompañan y persiguen las historias, personales, o no, de la artista. Precisamente la acústica y el sonido es algo de importancia en obra, tal como mencionaba Sylvia Molina, cuya relación con un edificio con gran acústica y con una presencia especial de la luz, ayudan a configurar una obra líquida al estilo de Zygmunt Bauman, pero que no por ello ha perdido la base objetiva y física sobre la que se ha construido. 

La oportunidad de hablar de la obra de Sylvia Molina permitió también abarcar aspectos de los nuevos modelos de exposición, que afectan al soporte, pero también a la propia museística. Tal y como explicó Francisco Brives, el modelo de “cubo blanco” expuesto por Brian O’Doherty que planteaba el museo como un lugar plano y aséptico ha comenzado a metamorfosearse en una obra expositiva que tiene que abrirse paso cuando los espacios expositivos ya estaban ahí, como es el caso de La Neomudéjar, aunque antaño se tuvieran otros usos. Este modelo de “crear en la grieta”, es decir, en el espacio ya generado también se entendió desde el contexto de Costa Rica, al ser un país en el que la mayor parte de los museos de arte están edificados sobre edificios con otros usos antiguamente, como es el caso del propio Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, sobre la antigua Fábrica Nacional de Licores (FANAL).

La exposición física, digital, se completó con la presentación del catálogo expositivo, la última de las patas expositivas construido en base a la propia preparación de la exposición y en su desarrollo físico, dando lugar a una obra total que va creciendo naturalmente con sedimentos que se construyen en el mundo digital a través de nuevas revisiones de la obra ya expuesta. La exposición puede disfrutarse de forma digital a través de la web del Centro de Cooperación Española de Costa Rica y del Museo La Neomudéjar hasta el 31 de diciembre, y de manera física hasta el 1 de noviembre.

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